20080610

Otro cuento audiovisual

Dirigido y animado por mi hermano, actuán e improvisan mis perros y yo hice lo más fácil: la edición.

20080608


Esa es mi sombra y me seguirá a donde vaya.
Aunque quiera que se quede quieta, no lo hará,
aunque quiera ocultarle algo, no lo lograré...
Cuídate sombra o sino te apartaré como a mi conciencia....

20080607

OBSERVACIONES

Cómo es posible que se haya pervertido de esa forma la ciudad. Antes no era así, todavía me acuerdo cuando las esquinas concentraban a los vagos, que no eran vagos como los de hoy, y ahí se conversaba de todo sin importar de que fuese. Claro que siempre había los mojigatos que bajan la mirada cuando se les habla a los ojos, pero así siempre seremos los quiteños.
Ve como se emborrachan ahora los jóvenes, desde peladitos ya están con esas cosas. Yo tome ya cuando era mayor de edad, no había necesidad de eso antes.
Muchos han de pensar que tuve un pasado tormentoso como ese que los jóvenes de hoy se están creando. No, simplemente me deje llevar y así termine. Mendigar fue una elección que ni siquiera tuve la capacidad de pensarla, no fue producto de mi intelecto, de mi pereza, ni de mi afán por observar el mundo.
Un día me desperté fuera de la casa. Estaba sucio y harapiento, tirado en una esquina, adormecido por ese maldito olor urbano del que yo mismo soy participe. Mis ojos eran otros, parecía diluirse en ellos, una espesa gota de inconsciencia gris. Levantarme me resulto imposible las primeras veces, me aferraba a las piedras de las paredes para apartar mi existencia del suelo.
Caminaba girando como un trompo, igualito a esos que yo hacía bailar de niño; mis pasos eran lentos y llevaban consigo un peso enorme. Todo parecía un sueño, buscaba respuestas en las miradas de la gente y solo veía miedos y desprecio; estaba solo, en un mundo que se derrumbaba dentro de mi cabeza, entre pitos y griteríos que me volvían más loco.
Sí, ahora soy un loco que mendiga. Hermosa profesión para alguien que tiene la capacidad de observar y analizar todo, y a todos, desde el anonimato. Cuando me vean, sepan que estoy pensando en lo que ustedes piensan. Quizás nunca se enteren o tal vez hasta que alguien vuelva a meterse en mis pensamientos.

20080605

POSTRE EN PRIMAVERA

Esto es un amor de primavera. Yo sé que aquí en Quito eso nunca podría pasar, no por el amor, sino por la primavera. Aunque sólo sean los arupos los de los colores, nuestro césped crece como nunca en estos días, por eso venimos acá.

-Acomódese ahí bien, sino luego nos ven, aproveche los matorrales mijita.
-Ay Henry, siempre me haces revolcar aquí y solo para conversar, para cuándo nos comemos un postrecito.

Es después de almuerzo que cogemos nuestras cosas y llegamos a nuestro lugar. No importa que para llegar tenga que subir en bicicleta 4 cuestas casi tan grandes como las de San Juan; y se debe tomar en cuenta que le llevo a ella, va sentadita en la parte de atrás; en el taller le hice un asiento que combina con las llantas, ella se agarra duro porque tiene miedo a caerse. Al mismo tiempo, sin que ella se de cuenta, puse un espejo al lado del freno y así le veo a ella en cada viaje, rompiendo orgullosa el viento con su cabeza

Ahora nos vamos pronto, nos faltó el postre....

20080529

CARROÑA

Había suspendido su lectura por un acontecimiento tan extraño como el que estaba leyendo. Pensó que la sangre había tomado forma, que se había calentado a tal punto de hervir y emanar los olores más llamativos para los carroñeros, hombres o animales, o las dos cosas a la vez; era lógico, por eso un cuervo se había posado a tres metros de él, que leía en el centro exacto de una circunferencia rodeada por tupirosas, que más que flores tenían espinas. El cuervo se aferraba al pasto y picoteaba un poco de piltrafa, que bien pudo haber sido de los más oscuros escenarios compuestos por palabras o de los más cercanos campos de guerra donde la muerte es un pretexto y no una consecuencia. Suave olor a hierba mojada, mezclado con fuertes sabores a carne, si antes la lectura lo había tomado por sorpresa, ahora sus sentidos se veían atrapados por lo que le pasaba, ya era capaz de presenciar lo que el antropófago hubiese vivido si es que el autor no hubiese querido acabar ahí la historia. Él no era el culpable de la llegada del cuervo, porqué iba a tener él la culpa de leer las historias del inconsciente de un hombre cuerdo de la década de los 30, quizás lo mejor sería cerrar por un momento el libro, dejar que la pasta se encargue de envasar el olor a sangre y descomposición. Mientras lo pensaba, miraba con detenimiento el pico del animal que retorcía el tejido lleno de sangre y de un líquido viscoso, como las babas de una hiena. Como una llamada de alerta, el aleteó de otro cuervo lo sorprendió por la izquierda. Rápidamente viró su cabeza para ver al nuevo visitante, se aseguró de que para ese instante ya estuviese cerrado el libro, olfateó el ambiente y claro, había más de ese olor que producía nauseas y que solo los carniceros pueden soportar por días. Más carroña en ese nuevo pico, que empezaba con un rojo fuerte que en distintas gamas pasaba al anaranjado y que solo terminaba con el negro intenso de las plumas. Como si el cuervo supiera la dirección de la mirada que recibía, paró todo intento de inspección con una respuesta de sus ojos, negros como sus plumas, pero tan imponentes como los ojos de un juez que te declara culpable y te sentencia a muerte. Todo había sido cubierto por el silencio, hasta que...otro cuervo, que rodeado por más cuervos, se hizo notar con su estruendoso llamado que estremeció hasta la más retardada neurona y desplomó las gotas que todavía quedaban del chubasco vespertino. No era casualidad, los cuervos llegaban por algo, algo los atraía, evidentemente era ese olor, que cada vez se hacía más fuerte, que penetraba como una inyección por las fosas nasales y que ya era parte de nuestro lector desconcertado. Quiso pestañear pero no pudo, quiso cerrar los ojos y sus párpados ya no reaccionaron, solo ahí, en ese momento, se dio cuenta de que lo que había visto en esos picos eran sus ojos y lo que había leído era su dolor.

20080524

En bici (al medio día y yendo a ver a la bebe)



Sol, un sol inmenso que no me ha dejado desde que salí del recinto. Ya casi una hora pedaleando y todavía no llego donde la bebe. Debe estar acurrucada en esa banca de la visera, ya todos sus panitas se deben haber ido. Don Egue ya debe haber montado a todos en su camioneta y ahorita deben estar por el km 13, ya casi está llegando Jason Alejandro a su casa, y yo aquí, lejos de la bebe.
¿Cuánto falta?... Algunos kilómetros más de silencio tropical, de olor a hierba y a plátano, de autos 4x4 lanzándome el viento y las pequeñas piedras que se rehusaron a ser parte del pavimento. Ya llego Jazmincita, espera un poquito más, será cuestión de cinco minutos si es que no se sale la cadena.
Ya han caído varias gotas de sudor sobre mis ojos, me arden y se me cierran. Se empañan, pero ya te veo, ahí estás, esperando que llegue para que apenas tenga la capacidad de escucharte me digas: "me voy a jugar en casa de Loly, ven más tarde papá".
Daré media vuelta y regresaré lentamente, solo y exclusivamente porque sé que todavía juegas con muñecas.