20090603

ESE ASUNTO DE LA NICOTINA

- ¿Me regalas un cigarrillo?

Él sólo regresó a ver mientras sacaba un cigarrillo de su bolsillo derecho. Le respondió que ese era el último, que se lo podía compartir, que unas pitadas menos le darían un poco más de vida. Inmediatamente encendió el tabaco con una fosforera que emitía una llama similar a la de un soplete y botó el humo. Se sentó al lado de ella, en el espacio parcialmente húmedo que la lluvia había dejado en el asiento de la parada. Dos pitadas más, las tres de respeto, y puso el cigarrillo en los ojos de ella para hacerle notar que era su turno.

- ¿Crees que debamos presentarnos por compartir un tabaco?- le dijo mientras daba sus pitadas.

Él se quedó en blanco, la pregunta lo dejó incómodo, fue como si le hubiesen preguntado si quería ver la noche antes de dormir. Se quedó quieto unos segundos más y le dijo que el tabaco ya los había presentado, que los dos sabían que eran dos fumadores, que esperan un bus y que parecían de la misma edad.

- Me llamo Julia, yo no fumo, simplemente estoy nerviosa y el tabaco logra un efecto parecido en mí, siempre los mezclo como para no saber qué está pasando y a la hora de los juicios: le echo la culpa al cigarrillo. Ah, además, seguramente soy mayor que tú, tengo 26 y tu no debes pasar de los 23.

Silencio momentáneo. Un bus se acerca a lo lejos, él aún articula su respuesta y desea que esa cooperativa de buses no sea la que ella necesita. Mira sus manos y en su mente cruza los dedos. El bus se detiene, se bajan varias personas y ella le pone el cigarrillo en sus ojos, tu turno, le dice. Coge el tabaco, el bus se va, le dice que pronto va a cumplir 23 y que él si fuma, que lo hace a diario, que ha intentado dejarlo pero que la sociedad se lo impide, argumenta, que todos saben que tomar sin fumar es imposible. Ella solo se ríe y le pregunta si siempre se hace presentar por el tabaco o el alcohol. Se ríen juntos, él, soltando su palabra entre el aire y el humo, dice que sí.

Se llama Guillermo, se lo dice y le pasa el tabaco diciendo que lo mate. Ella da las últimas pitadas, lo bota al suelo y lo pisa, haciendo el movimiento clásico, pero con mucho más histrionismo de su parte y de sus zapatos converse añejados con el tiempo y con el cloro.

El sonido de otro bus ya se siente, ella inclina su cabeza y se levanta, lo mira y le dice que bueno, que gracias por las pitadas y la compañía. Le sonríe y le da un beso en la mejilla, chao se dicen al mismo tiempo. Ella camina un poco y mientras da el paso que la lleva de la vereda a la calle, un sonido la detiene.

- ¿Sigues nerviosa?
- Un poco, ahora huelo a cigarrillo.
- Aquí tengo otro, ¿Quieres?

2 comentarios:

CrisMa dijo...

un tabaco, mi reino por un tabaco..
si, exagero..

Juan Pablo 6 dijo...

y por una cajetilla entera? jaja
Gracias por la visita.